Ropa de Temporada

Hace unos días fui a comprar algunas cosas y al entrar a la tienda de inmediato me sorprendió ver que lucía totalmente diferente a la última vez que había estado allí. El cambio llamó mi atención pues había ropa de colores brillantes, vestidos primaverales con estampados de flores en tonos suaves, una inmensa sección de lentes de sol, y joyería. Pero en la esquina de la tienda había un diminuto rincón lleno de suéteres con un letrero de rebaja. La temporada había cambiado y estaban rematando los suéteres que hace sólo un par de meses costaban el doble.

La ropa es un tema interesante para nosotras las chicas. -¿Qué me pongo?- La mayoría hemos dicho esta frase con un tono de desesperación, viendo el armario sin saber que ponernos. Si queremos aumentar la intensidad de la aflicción y desesperación podemos decir estas cinco palabras: ¡No tengo nada que ponerme! (aunque nuestro armario este lleno de ropa). Muchos programas de televisión, revistas y hasta canales en YouTube están dedicados a dar consejos de ropa y belleza a las mujeres. Facebook, Pinterest y muchas otras redes sociales te dan sugerencias de como estar siempre a la moda.

Pero entre tantas opiniones y consejos, ¿alguna vez te has preguntado si a Dios le interesa la manera en que te vistes? Vayamos a Génesis, en el huerto del Edén. Dios crea un mundo maravilloso, el sol, la luna, las plantas, los animales, y crea también a Adán y Eva, las primeras personas en esta tierra. Dios les dijo que podían comer de todo el fruto que quisieran, excepto uno. Hasta aquí parece una historia encantadora pero… Eva un día estaba paseando por el huerto cuando la serpiente empieza a hablar con ella hasta que logra engañarla y Eva comete un error muy grave, escucha lo que la serpiente dice y desobedece a Dios. Cabe aclarar que Adán y Eva estaban desnudos, no había pecado en la Tierra por lo cual no había culpa ni vergüenza (Génesis 3:7). Pero al comer del fruto prohibido y pecar, sus ojos fueron abiertos y al darse cuenta de su desnudez trataron de “arreglar el problema” cubriéndose con hojas de higuera, que por cierto son hojas muy rasposas, así que entre la vergüenza y la picazón debieron haber pasado un muy mal día.

La Biblia dice que ellos usaron las hojas de higuera como “delantales” para cubrirse, esta palabra viene del hebreo HAGORAH, significa “un cinto o delantal que cubría la sección de en medio del cuerpo“, es decir, que ellos cubrieron solo la parte de su cuerpo que podían ver. Si seguimos leyendo en la Biblia vemos que Dios les hizo túnicas de pieles (Génesis 3:21). La palabra “túnicas” viene de KETONETH que hace referencia a una prenda o pieza de ropa que cubre desde el cuello hasta las rodillas. Una vez que Dios confronto a Adán y Eva con su pecado no los dejó sufriendo con las hojas de higuera, les hizo túnicas y les ayudo a entender el concepto de la ropa.

En su libro “La Apariencia” Nancy Leigh DeMoss dice: “La principal preocupación de Adán y Eva era su desnudez, la principal preocupación de Dios era que ellos habían desobedecido su Palabra y que su relación con Él se había roto. A ellos les preocupaba su apariencia externa; a Dios le preocupaba sus corazones A Dios le interesa tu corazón, lo que está pasando dentro de ti, pero también tiene cuidado de tu exterior.

Vistiendo de forma modesta

La Biblia nos dice:

“Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan piedad” 1 Timoteo 2:9-10 (RVR)

“Y quiero que las mujeres se vistan de una manera modesta. Deberían llevar ropa decente y apropiada y no llamar la atención con la manera en la que se arreglan el cabello ni con accesorios de oro ni con perlas ni ropa costosa” 1 Timoteo 2:9 NTV

Te presento diferentes versiones para tener una idea clara antes de continuar. Este versículo nos dice que no vivamos según el concepto y estándares de belleza del mundo, que nos llevan a centrarnos solo en nosotras mismas y creer que el exterior nos define, que los peinados extravagantes y las cosas caras nos darán valor; pues surgirá la angustia al no poder alcanzar los estándares de la sociedad. Es fácil distraernos y perder nuestro enfoque en una cultura que coloca a la mujer en un estereotipo basado en belleza sin inteligencia, donde la gracia y la elegancia son terriblemente desechadas por un estilo seductivo e inapropiado. Este ambiente centrado en el “yo” te aleja de la belleza de Cristo y su propósito para tu vida.

“No imiten las conductas ni las costumbres de este mundo, más bien dejen que Dios los transforme en personas nuevas al cambiarles la manera de pensar” Romanos 12:2 NTV

La decencia, el pudor y la modestia no empiezan con la ropa que nos ponemos sino con la forma en que pensamos. La manera en que piensas, hablas y actúas se verá reflejada en tu apariencia. Tristemente hoy en día se ven dos extremos; por un lado está la atención desmedida por el exterior, olvidando el interior; por el otro lado está el pensar que a Dios sólo le interesa el interior, descuidando nuestra apariencia. Estos dos extremos son peligrosos, pues el usar ropa muy holgada y dejar que la almohada defina tu peinado por la mañana no garantiza que vivas en santidad. Dios nos llama a un estándar más alto, a un balance adecuado; Él nos dice en 1 Corintios 3:16 que somos el templo del Espíritu Santo y como tal debemos cuidar nuestra apariencia y cultivar nuestro interior para poder reflejar Su gloria.

Me gusta la explicación que da el escritor Jack Fleming al responder a la pregunta “Si el Señor mira solamente el corazón del creyente, ¿debe éste cuidar también su vestimenta y apariencia personal?”

“Es verdad que el Señor mira principalmente el corazón, pero Él no nos lleva inmediatamente a las moradas celestiales. Nos ha otorgado el privilegio de ser embajadores del reino de los cielos (2 Corintios 5:20). Tenemos la responsabilidad de ser luz al mundo (Filipenses 2:15). El Señor desea que el mundo vea en nosotros “algo” de la gloria de Cristo. Pero el problema es que cuando nos mira, no ve nuestros corazones (eso lo puede hacer solamente Dios), ellos nos ven tal como somos, y lo primero que observan es nuestra apariencia externa. Yo nunca he visto un corazón caminando en la calle, por eso creo que es importante como nos vestimos”

El vestirnos con modestia no significa que dejaremos a un lado la ropa de moda o los colores de temporada, tampoco significa ser descuidada con tu apariencia. Muchas de nosotras podemos confundirnos y llegar a creer que ser modestas es llevar ropa muy holgada, anticuada y vernos poco femeninas. ¡Esto no es verdad! Dios nos ha hecho femeninas y quiere que seamos así. Pero ser femenina no significa ser seductora. Tu puedes buscar ser una mujer femenina en tu forma de vestir, mostrando la dignidad, gracia y belleza que te ha dado Dios sin llegar al extremo de vestirte de forma seductora. La modestia es un filtro para que entiendas que tu exterior también puede honrar a Dios y a las personas a tu alrededor.

Leslie Ludy en uno de sus artículos escribe: “Una mujer que destila feminidad es modesta y desinteresada. Ella no esconde su feminidad; ella se vista para reflejar la alegría y luminosidad que llena su alma. Ella se viste para honrar a su futuro esposo y a los hombres a su alrededor. Su belleza exterior es una expresión de la transformación que Cristo ha hecho en su vida interior. Ella pone esfuerzo en su aspecto, no para obtener la aprobación y la atención, sino para mostrar respeto y honor a aquellos con los que interactúa. Su objetivo es  que la vista de las personas este puesta en Jesús y no en ella misma. Ella es modesta y hermosa al mismo tiempo. De hecho, su modestia es parte de lo que la hace tan bella y fascinante”.dsc_1865-copy

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